Cuentacuentos en Dajabón

by | Dic 27, 2025

Noviembre, 2025.

Redacción y fotografías de Miguelina Medina (periodista, narradora y poeta. Toca la melódica y es músico de formación).

Rita Díaz Blanco (segunda de izq. a der.) junto a los organizadores del evento. En primer plano los niños participantes del cuentacuentos.  

Erigido sobre La cayena y el colibrí y en el marco de la Feria del Libro de Dajabón, este cuentacuentos de la académica Rita Díaz Blanco tuvo lugar el 20 de noviembre del presente 2025, en el que la autora departió con los niños en uno de los centros dedicados para estas actividades.   

     La buena disposición de los participantes para recibir el alimento cultural, abrió la estructura para que ventanas y puertas se abrieran de par en par para la luz iluminadora de la narradora, no solo por ser la autora del libro en cuestión, sino por la gracia al contar su cuento, donde grandes y chicos adivinaban, reían, soñaban dentro de la libertad inducida por la, también maestra y madre, distinguida cuentacuentista.

     Dentro de la sección «Juegos literarios y cuentacuentos escolares», preparada por la escuela dajabonera, la maestra de ceremonia leyó la semblanza de Rita Díaz Blanco y les preguntó a los niños si les gustaba la capital —pues la narradora invitada llegaba «de esa ciudad lejana»—, a lo cual respondieron en coro, con el entusiasmo vocal de los infantes: «¡Síiiiiiiiiiii!».

     «Desde muy temprano de edad, Rita Díaz jugaba a ser maestra —leyó la maestra de ceremonia—, corrigiendo trabajos de sus amigos y de sus hermanos menores. En la escuela asumía el rol de encargada de repasos y elaboración de exámenes que compartía con sus compañeros». 

     Rita Díaz Blanco es narradora, poeta, ensayista, profesora y escritora de literatura infantil-juvenil. Es doctora en Gramaticalidad por la Universidad de León, España. Realizó con éxito la maestría en Lexicografía Hispánica por la misma universidad y la Real Academia Española; terminó una maestría en Lingüística Aplicada a la enseñanza del español con la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), entre otras especialidades. La doctora Rita Díaz Blanco es miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua —y fue elegida recientemente como miembro de número—, así como de su Comisión Lingüística y Lexicográfica; miembro del Instituto Guzmán Ariza de Lexicografía (IGALEX); dirige el Grupo Educativo Factum, que se encarga de ofrecer talleres del área de Lingüística a docentes y estudiantes; además, forma parte del movimiento literario Interiorismo del Ateneo Insular y dirige la Tertulia Literaria de la Academia Dominicana de la Lengua. 

Este cuentacuentos específico contó con una dinámica de aprendizaje integrada al miso juego interactivo, entre otros aportes, como la de preguntas y respuestas:

—Mi misión no es producir néctar para que tú te lo lleves, yo fui creada para otra cosa […], precisamente en este instante estoy tratando de descubrirlo. Y la abeja le contestó: No te molestes, yo solo hago mi trabajo, no estoy aquí para cuestionar las razones del universo. Yo soy una abeja, recojo néctar: soy una abeja melífera (La flor de la cayena, lectura de la autora, Rita Díaz Blanco).   

—Rita Díaz: «Melífera» quiere decir ‘que hace… 

—Alumno: ¡Miel!

—Rita Díaz: ‘Que hace miel’. Muy bien. Si es una abeja melífera es porque hace miel.

  Contó con la puntualización del concepto campo semántico y con esto recuperar la afirmación de que la inteligencia es de todos, pues se puede alimentar la buena aptitud (y también la buena actitud) ofreciendo orientaciones y pautas precisas. 

—Rita Díaz Blanco: Vamos a ver, yo les voy a decir una palabra y ustedes me dicen otra parecida. Pueden decir las palabras que se les ocurra en el momento en que se les ocurra, sin tener que levantar las manos, pues no estamos en el aula. 

 Con esta manera delicadamente sensitiva logró la especialista en la lengua y formación pedagógica —y con amor hacia la enseñanza—, que los niños dejaran el temor a levantar el orden, pues se les estaba dando permiso para la expresión integral del pensamiento, donde moverse de la silla, levantar las manos, equivocarse en los aciertos era parte del «juego del aprendizaje».

  Con la palabra «amor», por ejemplo, los niños dijeron protecciónamoroso… Con la palabra «abeja» dijeron florpolen… Con la palabra «árbol» arbustoárboles… 

     Nos explicó la académica que el campo semántico no es solo familia de palabras, sino todo lo que tenga que ver con la estructura ambiental del objeto indicado: así, de «bicicleta» era posible que los niños dijeran raspón. Incluso, como vimos más arriba, de «árbol», la maestra consideró correcta la mención del plural: árboles.

     Otra característica de esta maravillosa cuentacuentista fue inducir al niño a abrir el libro y resaltar la lectura leyendo el libro, pues cada vez que leía su cuento lo hacía mirando el libro, pese a que, obviamente, podía saber de memoria algunos de sus pasajes y sencillamente recitarlo. 

     Al mostrar las imágenes del libro, nuestra cuentacuentista recurrió a una de las herramientas que el director de la Academia Dominicana de la Lengua, don Bruno Rosario Candelier, ha sugerido en diversas ocasiones al ser entrevistado sobre cómo los maestros podrían incentivar a la lectura a sus alumnos —incluimos aquí también a los padres en sus momentos de juegos con los niños—: «despertar la curiosidad del niño». 

     En cuanto al sentido del libro, hubo preguntas especialmente dirigida a este, las cuales acertaron varios niños: 

—Rita Díaz: ¿Qué ustedes creen que le faltaba a la cayena? 

—Le faltaba amor —respondió un niño.

     Pero hubo otra respuesta más profunda de sentido, que la madre cuentacuentista sabía muy bien lo que buscaba con ella, pues por eso lo escribió de manera subliminal en su libro: para orientar, y en su cuentacuento todavía se hizo más sensible al entendimiento de los infantes de la edad a los cuales les estaba leyendo la historia:

—La cayena no sabía qué hacer con su vida —respondió una niña.

     La maestra y narradora valoró de manera especial esta respuesta —con el tacto, por supuesto, del amor hacia los estudiantes y sus fragilidades—. 

     Y así, con su gracia, nuestra cuentacuentista fue a la silla de un alumno cuando este le pidió que acerca para decir su respuesta amplificada; puso en las manos de un niño el micrófono cuando este quiso hacer un aporte diferente, pero dentro del mismo campo semántico que produjo La cayena y el colibrí: sobre lo que había investigado de las abejas; escuchó en secreto la respuesta tímida de una niña. El amor, entonces, quedó exaltado en dicho cuentacuentos escolar, pues además de la enseñanza del cuento, todos se sintieron valorados sin que esta enseñanza haya sido evidente para ellos. 

     Por su parte, la escuela habilitó en el mismo salón donde se celebró la actividad y otros del plantel, mesas promocionales de libros de autores tanto nacionales como internacionales. El parque Duarte también surtió de libros algunos estantes horizontales promocionales. Hubo alegría con esta actividad cultural y literaria que se promueven en todas partes del país. Es bueno recordar que a la flor de la cayena, en República Dominicana, también se le llama sangre de Cristo (o sangrecristo, como decían las personas mayores hace tiempo).  

   Acompañaron a la académica a esta actividad de la ciudad fronteriza, Marianela Díaz Blanco y quien suscribe esta nota.     

Marianela Díaz Blanco mientras fotografiaba los libros disponibles en una de las mesas.